A nuestro regreso de las ferias de relojería de
la primavera, habiendo visto tantísimos relojes,
y habiéndolos tocado, sopesado, examinado y
volteado de todas las formas imaginables, nos
dio la impresión de que nosotros también nos
habíamos transformado en un tourbillon. Los
pudimos ver dobles, triples, multiaxiales,
descentrados, esféricos... en fin: todo tourbillon
imaginable. ¡Alto ahí, basta ya! En el fondo,
todo lo que nos hacía falta era un poco de
gravitación para hacernos volver a la tierra. De
retorno a tierra firme, pusimos manos a la obra
para separar el grano (relojero) de la paja.
¿Por donde empezar? ¿Por las piezas más
extravagantes - abundantemente presentes en
las ferias – o, por el contrario, por los más
puros y simples ejemplares?
La primera impresión fue que las muchas docenas
de “prototipos” presentados dominaban
las conversaciones en los corrillos que se
formaban en los pasillos de BaselWorld, del
SIHH y de los grandes hoteles de Ginebra,
donde algunas de las marcas independientes
exhibían sus productos. Estos “relojes” – aún
asumiendo el riesgo de llamar a algunos de
ellos “relojes” – sin duda han marcado un
punto de inflexión en la historia de la relojería.
¿O es este fenómeno un simple punto de partida
del universo de la relojería tal y como lo
conocemos?
¿Quienes son aquí los
conformistas?
Tenemos todo el derecho a hacernos esta pregunta
tras haber examinado tantos objetos
inusuales que nos sorprendieron por su talla,
grosor, volumen, peso y la extravagancia de las
unidades exhibidas, que sentimos un cierto
alivio – incluso nos calmó – cuando un relojero
nos mostró un reloj elegante, ortodoxo, clásico,
bien proporcionado e impecablemente
acabado. Llegados a este extremo, estos relojes
fueron una bendición para nuestros pobres
ojos irritados.
De hecho, se trata de dos conceptos de relojería
radicalmente distintos, que van más allá
de la mesura del tiempo y que son polos completamente
enfrentados. ¿Estamos asistiendo
a la reposición en clave relojera de la histórica
“disputa entre antiguos y modernos”? La
respuesta no es fácil de adivinar ya que, en
este caso, los “modernos” no son necesariamente
los que podíamos suponer y los
“antiguos” son, a veces, aquellos que muestran
el mayor grado de vanguardismo.
Un breve repaso a la historia nos puede aportar
luz sobre la situación presente. En la
famosa “Querelle des Anciens et des
Modernes” (Disputa entre los antiguos y los
modernos, la pugna artística y literaria que se
encendió alrededor de 1690 en la Francia de
Luis XIV), los “modernos” querían eliminar las
tradiciones del pasado substituyéndolas por
nuevas formas de expresión artística a mayor
gloria de su soberano, el Rey Sol.A pesar de las
apariencias, los “modernos” eran, de hecho,
los más conformistas y reaccionarios de los dos
grupos. En el otro bando, los “antiguos”, bajo
el disfraz de la defensa de los cánones clásicos,
a menudo disimulaban una feroz crítica al régimen
político absolutista.
En cualquier situación dada, sin disponer de la
necesaria perspectiva, no resulta sencillo
determinar el verdadero conformismo de una
época: no siempre lo encontramos donde se
supone que debe estar. ¿No son los más conformistas
aquellos que insisten en diferenciarse,
por su originalidad, a toda costa? ¿No
estamos presenciando hoy un nuevo conformismo
medido por la extravagancia?
También podríamos afirmar que este es un
conformismo de nuevos ricos. ¿Por qué? En su
mayor parte, estos “relojes” escandalosos que
se vendieron en cantidades de unas pocas
docenas a precios superiores a los cientos de
miles de euros, acabaran en las muñecas de los
pocos multimillonarios que surgen a diario en
el planeta.
Más allá de las apariencias
A pesar de todo, este paralelismo debe ser
establecido con cautela ya que las cosas suelen
ser siempre más complicadas de lo que
parecen. Ejemplos de “antiguo” y “moderno”
se entremezclan alegremente incluso entre
los productos de un mismo fabricante. Por
eso, intentaremos escarbar bajo la superficie
e intentaremos clasificar a nuestros relojeros
en una de estas tres categorías: “Relojería
Clásica Preciosa”, “Vanguardia en la
Relojería” y “Más allá de la Relojería”. Nos
hacemos cargo de que estas tres divisiones se
solapan frecuentemente y que hay relojeros
que militan en campos opuestos simultáneamente. Dicho de otro modo, a veces hallamos
a un “antiguo” en el bando “moderno” y a
veces encontramos un “moderno” que funciona
como un “antiguo”.
A modo de ejemplo ilustrativo, vamos a comparar
dos relojes aparecidos en los salones de
primavera, ambos elegidos por poseer determinados
atributos, y que aparentemente
están en posiciones antípodas del espectro. A
mi izquierda, categoría “antiguo”, el repetidor
de minutos Souveraine de François-Paul
Journe; y a mi derecha, categoría “modernos”,
un OVNI, el DeWitt WX-1. Opinen,
señores: ¿cual es más revolucionario?
Répétition Minutes Souveraine contra WX-1
Contrariamente a todas las apariencias y a
pesar de todos los comentarios que nos
hemos tenido que oir, el más revolucionario
es el Répétition Minutes Souveraine de
Journe, una maravilla mecánica que ha accedido
a territorio relojero inexplorado hasta la
fecha. Con su consistente y decidida exploración
de los cimientos de las formas más
clásicas de la Alta Relojería, Journe ha
expandido las fronteras del imperio relojero a
base de integrar un repetidor de minutos en
un movimiento de apenas 4 mm de grosor. Ha
conseguido acomodar una gran complicación
de 301 piezas en el espacio que ocupa un
simple calibre de armado manual. Para conseguir
esta hazaña, Journe diseñó un original
sistema de correderas y martillos cuya configuración
ocupa un mínimo espacio. Además,
puso un timbre plano, ya empleado en su
Grande Sonnerie y lo montó bajo la esfera en
vez de alrededor del movimiento, como se
hace habitualmente. De este modo no solo
consiguió más espacio para la mecánica sino
que además obtuvo un sonido potente y
cristalino. Siguiendo su lógica particular, que
premia la funcionalidad y la eficacia
cronométrica y, en este caso concreto, la calidad
de sonido, Journe decidió usar una caja
de acero (tiene mejor rendimiento acústico)
para acomodar su repetidor de minutos extraplano.
Para obtener mayor estabilidad
energética, colocó dos barriletes en paralelo
que proporcionan 56 horas de funcionamiento
ininterrumpido.
REPETIDOR DE MINUTOS SOUVERAINE por F.-P. Journe
Las formas de la caja, los materiales y la
arquitectura del movimiento trabajan en conjunto
con una sola finalidad. En otras palabras,
no hay nada injustificado. Como dice el
mismo Journe, “Cuando uno ejerce la relojería,
uno no hace de escultor mecánico. La
juguetería no es mi profesión.”
Para aquellos que, a pesar de todo, se sienten
atraídos por las esculturas mecánicas o los
juguetes para niños mayores (y niños ricos,
porque la factura asciende a 400.000 euros),
no hace falta que busquen más, que aquí está
el WX-1 de DeWitt. Según Jérôme DeWitt,
este portentoso reloj es en realidad “un tipo
diferente de reloj y es algo más que un reloj.
Es una obra de arte contemporáneo que confiere
una nueva dimensión al universo de la
relojería.”
No podríamos concebir una aproximación
más opuesta a la de François-Paul Journe. El
objetivo manifiesto de DeWitt no tiene nada
que ver con la continua mejora de las prestaciones
relojeras. Al contrario, busca construir
un objeto multidimensional cuyo objetivo
último no es hacer relojería de precisión, ni
tan solo dar o hacer sonar la hora. Esta pieza
va más allá de la relojería convencional.Viene
a ser una especie de ultrarrelojería.
¿El objetivo de los “modernos” es desligar al
objeto de su función? El concepto del WX-1
disocia efectivamente la exhibición de la
información – horas y minutos – del motor de
movimiento, que está ubicado a un lado, verticalmente,
bajo una especie de caparazón
que se puede deslizar hacia afuera para
mostrar los cinco barriletes, el tren de
engranajes, el carro del tourbillon y el dispositivo
de armado del resorte. Es prácticamente
imposible describir detalladamente esta
“obra de arte contemporánea” (como la llaman
sus creadores: Jérôme DeWitt y el arquitecto
francés Jean-Michel Wilmotte, quien
aportó sus dotes de arquitecto al proyecto). El
bastidor – aquí no podemos hablar de una
simple caja – del WX-1 es una estructura
arquitectónica a mitad de camino entre el
Nautilus del Capitán Nemo y una nave
nodriza de la Guerra de las Galaxias. Con sus
370 piezas de titanio, aluminio anodizado y
oro rosa, el reloj solo pesa 191 gramos, pero
deben descartar intentar pasar por un detector
de metales aeroportuario con el reloj
puesto a no ser que quieran ir a pasar las
vacaciones a Guantánamo. El WX-1 se
entrega con una peana de sobremesa, inspirada
en la Torre Eiffel, que lo convierte en un
reloj de despacho.
WX-1 por DeWitt
Para dar cuerda a los cinco barriletes se precisan
unos pocos segundos con la ayuda de
una herramienta electrónica que se inserta en
una de las dos chimeneas del lateral de la
caja, como dos reactores. La otra abertura nos
permite una visión lateral del tourbillon vertical.
Con el WX-1 nos hallamos más allá de los
confines del universo conocido (la relojería
tradicional) donde las leyes para juzgar este
tipo de objetos son obviamente diferentes. El
hecho de que encuentren este reloj fascinante
o repulsivo no tiene la menor importancia.
Lo que si que es importante es que el
WX-1 cuestiona el partido de los “modernos”.
Yendo más allá de las normas de la
relojería y acercándose al “arte”, ¿no se convierte
en una cuestión de futilidad o, más
aún, de vanidad? ¿O es una especie de homenaje
subconsciente a la vacuidad de nuestros
tiempos?
Tourbillon Urbi et Orbe
Tras esta pregunta tan peliaguda, continuaremos
con el recorrido por las ferias.Y, oh!, aquí
llegan los tourbillons en masa. Estos dispositivos
se han vuelto tan corrientes últimamente
que casi podríamos compararlos a un
pariente pobre. Entre los tourbillons encontramos
de nuevo la “Disputa entre los
antiguos y los modernos”, que enfrenta el
planteamiento de una marca como Greubel
Forsey, por ejemplo, al de Zenith con su Zero-
G (gravedad cero) de tourbillon giroscópico, o
Concord con su C1 Gravity Tourbillon, entre
otros.
Como en el caso de Journe, el objetivo de
Robert Greubel y Stephen Forsey es mantenerse
en la senda de la relojería al tiempo que
se adelanta en la cuestión artística tan lejos
como sea posible. “Nuestra aventura
comenzó con nuestro rechazo a aceptar la
declaración de nuestros maestros que
insistían en que “en relojería ya se ha hecho
todo lo posible”, nos explica Stephen Forsey.
Su rechazo a creerse que la ciencia de la relojería
no tenía progreso posible sirvió de base
al enfoque adoptado por este dúo de relojeros.
Quieren trasladar las fronteras más allá
sin caer en lo superfluo, en busca de la
cronometría óptima, el progreso técnico y la
calidad de diseño. Para estos dos hombres,
estos objetivos van interconectados, de forma
natural, y como resultado de ello han surgido
una serie de piezas significativas: el Doble
Tourbillon de 30º; el Tourbillon Inclinado de
24 segundos (diseñado para neutralizar
desviaciones operativas); el Cuádruple
Tourbillon Diferencial Esférico, que multiplica
por dos la prestación de los dos órganos reguladores;
y el próximo Tourbillon Diferencial
de Equivalencia, que suministrará una fuerza
constante a los órganos reguladores.
Cuádruple tourbillon de diferencial esférico
por Greubel & Forsey
Mientras que los esfuerzos de Greubel y
Forsey se centran en la investigación fundamental,
también queda de manifiesto el
deseo de alcanzar una perfecta maestría en
cuanto a las formas. Una pureza estética
coherente va íntimamente ligada a la idiosincrasia
de la pieza. Sus relojes, bellos y llevables,
aparecen regularmente, sin concesiones
al marketing. Probablemente
pertenecen a los “antiguos”, pero este par de
talentos se sitúa claramente entre los más
“modernos” de los relojeros de hoy día.
En clara oposición al planteamiento paciente
y constante adoptado por Greubel y Forsey, se
hallan los tourbillons “modernos” de Zenith
(Zero G) y Concord (C1 Gravity). Con todo lo
sorprendentes que puedan ser estos tourbillons
– han conseguido superar muchos
obstáculos técnicos – su efectividad práctica
queda por demostrarse. (A este respecto, nos
gustaría ver organizarse una competición
cronométrica exclusivamente para tourbillons.)
Tras ver el Zero-G de Zenith girando en todas
las direcciones posibles no puedes sino pensar
que el reloj en cuestión es sencillamente
deslumbrante. Su moderna caja multicapa
Defy Xtreme está hecha de materiales novedosos,
como el cristal Hesalite, la fibra de carbono,
el aluminio y el titanio ennegrecido. La
jaula giroscópica – de 166 componentes – va
montada en juntas de cardán, como las
usadas en los antiguos cronómetros marinos,
lo que le permite girar interminablemente al
más mínimo movimiento. Mientras que todo
parece moverse en todas direcciones dependiendo
de la posición de la muñeca, el órgano
regulador se mantiene constantemente en
posición absolutamente horizontal. El conjunto
del sistema funciona gracias a un ingenioso
invento patentado por Zenith, que une
los planos horizontal y vertical mediante un
engranaje cónico con dentado en espiral que
invierte y compensa los movimientos del
bastidor.
En el Concord C1 Tourbillon Gravity se utiliza
el mismo concepto de unir los planos vertical
y horizontal aunque de una manera algo
diferente. Los “alquimistas” de BNB Concept
desarrollaron este calibre especialmente para
Concord. Fieles al estilo “moderno” en la
activación de las funciones, en este reloj el
tourbillon está ubicado en posición vertical en
la periferia de la esfera y de la caja, haciendo
que parezca que está exento del mecanismo
al que, no obstante, está conectado mediante
un piñón perpendicular. Adherido al carro del
tourbillon de aluminio-litio, que rota una vez
por minuto, encontramos un aro negro de
aluminio con los números impresos que
indica los segundos. Al desplazar el tourbillon
al lateral de la caja se puede abrir la esfera
multicapa para ubicar los indicadores de las
diversas funciones: hora, minuto, reserva de
marcha, índice de fiabilidad y cronógrafo
ratrapante.
La terminología paramilitar utilizada por
Concord para describir su tourbillon delata
las intenciones de la marca por conquistar el
mercado. ¡Pónganse firmes, aar! Entre los
términos empleados encontramos “desafiante,
vanguardia, estratégico, insolente,
autoritario, marcial, asedio, conquista”. Por si
fuera poco, describen el reloj como “al borde
de la locura, anticonvencional, reformista
convencido, adelantado a su tiempo”.
¡Descansen, aar!
Cuando uno habla de reforma, debe ser
cuidadoso al precisar el significado del término
y cuál es el objetivo de la reforma.
Debemos también preguntarnos si estos tourbillons
son aún tourbillons, en el sentido
estricto de la palabra, tal y como la estableció
Breguet. Según esta patente centenaria, la
rotación de la jaula del tourbillon, que contiene
el péndulo y el escape, va comandada
por un único juego de engranajes y gira en el
plano del eje de oscilación. El eje de la jaula
móvil está así alineado con el eje del péndulo.
Como se ve, este no es el caso en algunos de
los ejemplos que vimos.
C1 GRAVITY por Concord, ZERO-G por Zenith
El carrusel se incorpora al baile
En un intento de establecer este debate (de
paso les diré que la inmensa mayoría de los
compradores de tourbillons pasan olímpicamente
de esta controversia), el anarco-relojero
Vincent Calabrese – que se mudó con
todos los trastos a Blancpain – ha creado no
un tourbillon sino un carrusel. Sin querer
entrar en muchos detalles técnicos, solo les
diré que el carrusel, inventado en 1892 por el
danés Bahne Bonniksen, se distingue del
tourbillon en que está acoplado al barrilete
mediante dos trenes de engranajes distintos:
uno para la transmisión de energía y otro
para la función de recuento. En caso de que
un tourbillon se detenga provoca la detención
de todo el reloj y eso no sucede con el carrusel.
CARROUSEL por Blancpain
La novedad en el carrusel de Blancpain
es el desarrollo de un sistema que asegura la
rotación de la jaula en 60 segundos, cosa que
no sucedía en carruseles anteriores.
El relojero danés creó el carrusel con el objetivo
de conseguir un nivel de precisión comparable
al de un tourbillon y que fuera más
sencillo de fabricar. Luego resultó que el dispositivo
era de producción muy compleja y
fue paulatinamente abandonado.
En el caso del carrusel de Blancpain, este dispositivo
no dirime el debate entre iniciados,
ya que no solo completa un giro en un minuto,
cosa reservada hasta ahora a los tourbillon,
sino que su péndulo también está en el
centro de la jaula, exactamente como en un
tourbillon.
Muy probablemente este dispositivo abrirá
nuevas sendas de investigación, y Blancpain
no ha dudado en anunciarnos la llegada de
una nueva familia de medidores horarios fundados
en esta tecnología.
Alejamiento de la relojería
Con el carrusel aún estamos dentro de la categoría
de relojería pura, tanto da si es antigua o
moderna o ambas cosas a la vez. Esto está años
luz de las actividades de alguien como Romain
Jérôme quien ocupó los titulares con su Day &
Night Double Tourbillon, una máquina con dos
jaulas que funcionan alternativamente.
Desarrollado por BNB Concept (¡Oh cielos, Ellos
de nuevo!), Romain Jérôme reinterpretó este
invento para crear un guardatiempos excepcional
que no indica la hora. Desprovisto de
todos los indicadores básicos, como hora, minutos
y segundos, deja espacio disponible para
dos periodos alternativos de doce horas.
Su explícita reclamación de “alejamiento de la
relojería” parece estar en sintonía con las
demandas del mercado, a juzgar por la confesión
de Jérôme, de que había recibido pedidos
por más de 300 millones de euros en su minúsculo
stand de 32 metros cuadrados en
BaselWorld, para sus controvertidas unidades
Titanic DNA que se comercializan desde hace
tan solo cinco meses.
El éxito, al menos en cuanto a notoriedad, del
Day & Night Tourbillon (que solo conserva síntomas
de actividad mecánica reminiscente de
la relojería y que está desprovisto de funciones
cronométricas) es paradigmático como un
cierto punto de inflexión en la relojería.
Animado por consideraciones de marketing es,
en mi opinión, el más claro signo de que se está
formando una burbuja en la relojería.
Bajo esta misma influencia descubrimos un
gran número de marcas jóvenes en las ferias de
primavera, que se están embarcando en la
misma dirección: grandes piezas que muestran
en su exterior los más distintivos signos de la
modernidad – formas audaces, combinación de
materiales inusuales, funciones superlativas,
vistas de la mecánica, tridimensionalidad de las
esferas, una predilección por el oro rosa y el
negro – cuyo objetivo es el extremo superior del
mercado – tourbillons, cronógrafos ratrapantes,
repetidores de minutos, calendarios perpetuos
– y que reclaman para sí mismos pertenecer a
la vanguardia de la relojería, aunque solo lo
sean en cuanto al precio ya que la gran mayoría
vende sus piezas en la escala de las cinco a seis
cifras.
Cuando la vanguardia está tan abarrotada y
omnipresente nos preguntamos si se trata realmente
de la vanguardia o si no es el grueso de
las fuerzas y, por tanto, un ejemplo de conformismo
de moda. Mientras sea posible, debemos
ensalzar las virtudes que animan a la relojería
actual, pero también debemos distinguir
entre lo que es genuinamente creativo de lo
que es, a todas luces, una tendencia generalizada,
una moda al fin y al cabo.
DOBLE TOURBILLON DAY & NIGHT por Romain Jérôme, OPUS 8 por Harry Winston
Lúdico y Poético
Las piezas más lúdicas y poéticas no siempre
son las más imaginativas, aunque hay excepciones
a esta regla. Un ejemplo de esto último
es el muy sorprendente Opus 8 de Harry
Winston. Este Opus 8 es producto de una imaginación sin restricciones, cuya función última es
indicar la hora y los minutos (más exactamente:
los cinco minutos más próximos).
En el Opus 8 la hora se muestra, como por arte
de magia, mediante números digitales (por
ejemplo, las 20:00 horas se expresa como 08
PM). A petición (mediante un pulsador
deslizante), la hora aparece y puede ser leída en
relieve en una pletina que unos segundos antes
parecía absolutamente plana mostrando tan
solo un repetitivo diseño. Ver aparecer el
número en tres dimensiones es una experiencia
simplemente mágica.
En cuanto a los minutos, estos se muestran en
una escala vertical del lateral de la caja, graduada
a intervalos de cinco minutos donde un
indicador salta de un intervalo al siguiente. No
diremos que sea la precisión absoluta, pero sí
diremos que, a pesar de las apariencias, el conjunto
es absolutamente mecánico.
Este hito tecnológico se debe al entusiasmo creativo
de un relojero periférico, Frédéric
Garinaud. Graduado en la Academia Naval
francesa con formación como mecánico de a
bordo, asistió a los cursos del conservatorio de
artes y oficios de Lyon y se convirtió en un especialista
de la galvanoplastia. Garinaud se
estableció en la relojería en 2001 cuando entró
en Renaud & Papi, el “laboratorio” de
Audemars Piguet, donde fundó, en 2005, la
célula de especialidades relojeras (Cellule des
Spécialités Horlogères). Su frescura relativa
comparada con el peso de la tradición, sin duda
le permitió trabajar desacomplejado. Un hombre
del siglo XXI (nació en 1971), presentó unas
propuestas de relojería muy influenciadas por el
pop-art. Su Opus 8 recuerda a la pantalla de
una televisión con números de segmentos que
parecen grabados en una pletina que evoca las
primeras pantallas digitales.
De hecho, el Opus 8 obtiene su inspiración en el
Pin Art, aquel juguete para ejecutivos en los que
se obtiene una imagen tridimensional mediante
una tupida matriz de agujas metálicas. El Opus
8 es un ejemplo del segmento de la relojería
lúdica que se materializado gracias al empleo de
la tecnología más avanzada. A este respecto,
recordamos también las últimas creaciones de
De Grisogono que ya comentamos en números
anteriores. Así que, no debemos negarnos el
placer de disfrutar de este tipo de relojes. La
relojería puede resultar graciosa y, a la vez,
repleta de diversión técnica.
En cuanto a la ludicidad – y, porqué no, poesía –
podemos mencionar de pasada una realización
encantadora de Hermès, el Grandes Heures. No
se trata de un reloj de gran complejidad técnica
pero si que aporta una gran novedad funcional
en cuanto a la manera de leer la hora: subjetiva
y ultrapersonal. La distancia, alrededor de los
confines de la esfera, que separa los indicadores
de las horas no mantiene los acostumbrados
intervalos regulares sino que varían en función
de aquellas horas que tienen mayor importancia
para quien lleva el reloj. Ejemplo: mientras que
las doce están donde suelen estar, la una está a
las dos a las cuatro, luego las 3, 4 y 5 se
amontonan hasta llegar a las 6, etc., como si
quisiéramos que estas horas de trabajo pasaran
más deprisa.
La contraseña: Silicio
Si nos alejamos de estos tiernos y poéticos
ejemplares y nos acercamos a cuestiones más
prácticas y tecnológicas, nos tropezamos con
harta frecuencia con una palabra que es una
especie de “ábrete sésamo” de la relojería
actual: el silicio. Nos lo encontramos en Ulysse
Nardin, en Chopard (en un nuevo movimiento
de alta frecuencia), en Frédérique Constant, en
Girard-Perregaux y en Patek Philippe.
PULSOMAX® por Patek Philippe, 5450P por Patek Philippe
Pero es que ahora se ha traspasado un umbral,
hemos pasado de la simple utilización del silicio
como material sustitutorio a la creación de
nuevas geometrías de escape como en el caso
de Patek Philippe e incluso más allá, al desarrollo
de un concepto totalmente nuevo de
escape como ha hecho Girard-Perregaux.
Durante una concurrida y muy técnica conferencia
de prensa, la unidad de investigación
avanzada de Patek Philippe presentó su tercera
innovación, el escape Pulsomax. Los principios
en los que se basa el escape Pulsomax son similares
a los del escape clásico suizo de levas
pero con la ventaja añadida de que mejora las
prestaciones gracias a la optimización del funcionamiento
mediante nuevos diseños y
geometrías. Las nuevas levas están cortadas, o
mejor dicho, creadas mediante un proceso de
grabado iónico reactivo profundo (DRIE) que
permite el mecanizado de componentes de
Silinvar (material patentado obtenido de silicio
puro sometido a un proceso, patentado a su
vez, de oxidación en vacío con propiedades de
compensación de temperatura), en un segundo
plano horizontal. Estas nuevas levas ya no
necesitan que se les monten paletas de rubí.
Las paletas se ha integrado en la propia leva
cuya completa geometría ha sido rediseñada
(cada una de las paletas posee una forma
específica). La leva interacciona con una rueda
de escape totalmente nueva, fabricada también
en Silinvar, y que tiene 16 dientes en vez de los
20 habituales. El proceso de corte DRIE permite
la fabricación de piezas únicas, minúsculas y de
formas precisas con unas tolerancias que son la
mitad que en las piezas fabricadas mediante
procedimientos tradicionales.
El resultado, según los expertos de Patek
Philippe, es una mayor transmisión de energía
al péndulo; mejora de la eficiencia gracias al
isocronismo mejorado (Patek Philippe reivindica
un 30 por ciento de mejora en la reserva
de marcha, con lo que un reloj con reserva de
48 horas seguiría latiendo aún otras 14 horas);
y proporciona significativas mejoras en la fiabilidad
a largo plazo y sin uso de lubricantes.
Este escape (el primero en ser 100 por 100
Patek Philippe, una tranquilidad para el espíritu
independiente de la compañía) equipará a la
tercera generación de relojes bajo la marca
“Patek Philippe Advanced Research”.
Producidos en series limitadas de 300 unidades
bajo la referencia 5450, portarán una caja en
platino, movimiento automático, calendario
anual, fases lunares e indicador de reserva de
marcha.
El Escape constante
Girard-Perregaux siguió un camino aún más
atrevido, desligado de la mejora del probado
escape suizo de levas. Al contrario, el objetivo
de la marca fue la creación de un escape
totalmente nuevo y original a la vez que
increíble. El resultado ha sido el escape constante.
Su diseño cabe calificarlo de revolucionario
puesto que parte de una arquitectura
radicalmente diferente del escape suizo – y
de cualquier otro escape – y su principio de
funcionamiento es completamente diferente.
THE CONSTANT ESCAPEMENT por Girard-Perregaux
Para entender como funciona, recuerden de
su infancia aquellos juguetes, casi siempre
ranas, que saltaban cuando se ejercía presión
en una lengüeta metálica curvada. Con la
presión, la lengüeta se deformaba y, al liberarla,
impulsaba la rana que daba un gran
salto adelante. En el escape constante, una
hoja biestable permite la distribución de la
energía con una amplitud y una frecuencia
constantes hasta el agotamiento de la reserva
de potencia. Más fina que un cabello
humano, la hoja se ha obtenido mediante el
proceso de grabado del silicio (DRIE). Está
integrado en el bastidor que lo soporta y en
conjunto forman el resorte del escape. Este
resorte actúa como un microacumulador de
energía. A cada alternancia del oscilador acumula
su energía y luego la libera, pasando de
un estado estable a un segundo estado
metaestable (como la lengüeta de la rana,
para entendernos).
El sistema es capaz de liberar impulsos de
fuerza constante, lo que permite una amplitud
y frecuencia también constantes a pesar
de las diferencias en la potencia recibida. Al
diseñar su nuevo invento, los relojeros de
Girard-Perregaux debieron, obviamente,
replantear la arquitectura y la geometría de
todo el escape. La rueda de seis dientes del
escape, la leva de accionamiento, la leva de
detención y la doble pletina se han dispuesto
en una forma totalmente inusual.
Con su nuevo escape, Girard-Perregaux
aspira, a largo plazo, a obtener unos resultados
sin parangón en cuanto a precisión
cronométrica.
Volviendo a nuestra analogía de los
“antiguos” y los “modernos”, observamos
que Girard-Perregaux, Patek Philippe y Ulysse
Nardin son tres grandes “antiguos” que
están en plena vanguardia y que ésta no se
limita a cuestiones cosméticas ni se aparta
del arte relojero; al contrario, estas compañías
se sumergen muy profundamente en
las fuentes de la relojería.
Belleza y tecnología japonesas
A su manera, un histórico como Seiko (un
“antiguo” de 1881) también escarba en las
raíces del arte de la relojería. En este caso, la
marca nipona hace confluir la vanguardia de
la investigación cronométrica (el movimiento
Spring Drive) con las más respetables tradiciones
en ornamentación. El éxito del Spring
Drive Sonnerie ha demostrado que Seiko
puede ofrecer una alternativa japonesa a la
alta relojería suiza y, en este caso, el lento tintineo
pseudobudista de la campana y la original
decoración del movimiento con motivos
japoneses, parecen confirmarlo.
CREDOR TORQUE RETURN por Seiko
Además de las ediciones limitadas Spring
Drive Moonphase y Spring Drive Chrono,
cuyos diseños y decoración refinados representan
una notable mejora, Seiko presentó en
el sancta sanctorum de su nuevo y espectacular
stand en BaselWorld, un Spring Drive
redondo, pequeño y maravilloso.
Lamentablemente, este reloj de cuerda manual
y caja de platino solo estará a disposición
de los clientes de Japón. Los relojeros del
Micro Artists Studio de Seiko solo pueden
producir cinco unidades del reloj por año. Su
magnífica e inmaculada esfera está hecha de
porcelana tradicional Muritake sobre la que
se pintan a mano los indicadores horarios.
Para agregar una pincelada de modernidad,
se han litografiado dos dígitos de grandes
dimensiones que solo aparecen sutilmente
dependiendo en cómo incide la luz sobre la
esfera. Al voltear el reloj, nos impresionó la
belleza de la decoración del movimiento. Los
acabados son absolutamente perfectos.
Hasta se ha pulido el interior del barrilete
para reducir las fricciones. El único elemento
que no se ha pulido a mano es el resorte principal.
Los rubíes no han sido moldeados sino
tallados. Entre los puentes, casi podemos
imaginarnos un riachuelo que fluye entre
parterres de flores.
En cuanto a los aspectos técnicos, la rueda de
deslizamiento que acciona las manecillas, que
se desplazan sin el más mínimo titubeo, ha
sido optimizada. El centro es de aluminio para
hacerla lo más ligera posible mientras que el
exterior es de oro de 18 quilates para hacerlo
más pesado. Se alcanza una reserva de
potencia de 60 horas gracias a un sistema de intercambio de par que facilita que el exceso
de par sea devuelto al resorte del barrilete.
Cuando el par alcanza un umbral de mínimos,
una lengüeta detiene todo el sistema. De
nuevo, la invención técnica trabaja respetuosamente
con la maestría relojera, sin nada
superfluo ni gratuito y siempre a fin de bien.
Puede observarse también un planteamiento
similar por parte de A. Lange & Söhne, una
marca que con su Cabaret Tourbillon ha sorprendido
a todo el mundo. Unos pocos años
atrás, cuando Europa Star, bastante antes que
otros medios, empezase a cuestionar científicamente
la utilidad del tourbillon en un reloj
de pulsera, algunos medios clamaron al cielo.
Nos acusaron de querer matar a la gallina de
los huevos de oro (desde entonces esta prolífica
ave de corral ha ido poniendo muchas y
muchas docenas de huevos de oro).
CABARET TOURBILLON por A. Lange & SÖhne
La tasa de precisión que aporta el tourbillon a
un reloj de pulsera ha sido siempre motivo de
disputa, aún a sabiendas de que todo el
mundo sabía que el dispositivo no era totalmente
preciso. Pero A. Lange & Söhne planteó
la pregunta que nadie antes se había hecho:
“Si los relojes con tourbillon son tan precisos,
¿porqué no ha inventado nadie todavía un
dispositivo que permita parar instantáneamente
el tourbillon para poder ajustar la hora
al segundo exacto?”
La marca alemana respondió brillantemente a
su propia pregunta, concretamente con el
primer mecanismo de detención de segundos
que nunca se haya integrado en un
movimiento con tourbillon. Descartada la
opción de detener mecánicamente la jaula
del tourbillon entera, lo que causaría una disminución
fatídica de la amplitud, los relojeros
de A. Lange & Söhne optaron por un mecanismo
que detuviera directa e instantáneamente
el volante dentro de la jaula, preservando
así la energía potencial del resorte del
péndulo durante el proceso de detención. La
teoría parecía buena pero, ¿y la puesta en
práctica?
Su solución no es fácil de describir, pero básicamente
consiste un resorte de paro con dos
brazos disimilares con forma de “v”. Cuando
se tira de la corona se engrana el muelle y sus
dos brazos vienen a descansar sobre el
volante, frenándolo en seco. Este freno está
montado en una bisagra de modo que
aunque uno de los tres pilares de la caja del
tourbillon (que sigue girando) pase bajo uno
de los dos brazos de freno, el otro brazo
seguirá ejerciendo fuerza sobre el volante. La
curvatura del muelle de frenado se definió de
forma empírica durante una larga serie de
pruebas. Sus dos extremos se doblan de manera
que evita cualquier posibilidad de activación
no intencionada durante la marcha.
Tan pronto como se libera el freno, el volante
retoma inmediatamente su oscilación.
Por vez primera en la historia de la relojería
podemos ajustar un tourbillon al segundo
exacto. Un verdadero alarde de precisión el
de este dispositivo que equipa al soberbio
Cabaret Tourbillon de cuerda manual de
doble barrilete con reserva de marcha para
cuatro días. Está disponible en caja de platino
u oro rosa.
Destreza genial
Una exhibición equivalente, combinando
calidad y gusto, nos la ofrece Patek Philippe
en su Grande Complication que incorpora
un repetidor de minutos, calendario perpetuo
mediante ventanillas, y tourbillon en
la parte posterior del movimiento. La marca
ha añadido además un indicador de fases
lunares y un indicador de día o noche también
en ventanilla.
La gran elegancia de esta pieza reside en
su evidente contención y ortodoxia, ofreciendo
una asombrosa legibilidad y fun cionalidad. Su característica más notable es
el cambio instantáneo de las indicaciones
del calendario al llegar la medianoche
exacta. El mecanismo complejo del calendario
perpetuo compuesto de 212 piezas se
diseñó como un módulo para otro calibre,
el R TO 27 PS y que ahora se ha convertido
en el R TO 27 PS QI.
5207 by Patek Philippe
En el núcleo de este calibre, un resorte proporciona
la energía necesaria para mover el
reloj durante 48 horas, incluyendo los cambios
en el calendario, indicados no por
manecillas sino por discos, lo que requiere
mucha más energía. El control del cambio
instantáneo y colectivo de los discos viene
asegurado por una gran palanca mandada
por una cremallera de cuatro niveles que
trabaja en conjunto con una leva de meses
y un posicionador de la leva de años, que a
su vez está conectado a otras levas de
transmisión mediante brazos articulados.
Un sistema de dos muelles, de idéntica
fuerza pero contrapuestos, controla la
potencia variable requerida para cambiar
las indicaciones, dependiendo de la
duración de los meses y de si el año es
bisiesto o no. Este dispositivo complejo, así
como la gran palanca, están ambos pendientes
de ser patentados.
Retorno al clasicismo
Aparte de la excepcional pieza antes mencionada,
la visión de la colección actual de
Patek Philippe fue una especie de antídoto a
la exuberancia que pudimos encontrar
durante las ferias de primavera. La búsqueda
del más alto nivel de equilibrio, las proporciones
más harmoniosas, el mayor refinamiento
en los acabados, todo ello conforma
los parámetros por los que la marca
define su visión del clasicismo. En otras palabras:
la intemporalidad.
El retorno al clasicismo es una de las mayores
paradojas de la oferta relojera de hoy día.
Esto era evidente en muchos de los fabricantes
quienes podían proponernos auténticos
relojes-rompecabezas al tiempo que
seguían manteniendo otras piezas más
sutiles, refinadas y elegantes en su catálogo.
Un buen ejemplo de ello es Zenith. Junto a
sus piezas más Xtreme, Thierry Nataf también
presentó una serie de encantadores relojes
dentro de su colección Class, de enorme ortodoxia.
Muestran hora, minutos y segundos
sobre un decorado “clou de Paris” de perfectas
proporciones. “Estamos retornando a los
clásicos, reinterpretándolos con ligeros
toques de modernidad,” nos cuenta Nataf.
La tendencia hacia una vuelta a la simplicidad
y ortodoxia relojera se notaba especialmente
en bastantes fabricantes, como Chopard que,
con su superelegante L.U.C. XP de esfera de
pizarra combina finura (caja de 6,8 mm en
oro blanco o rosa), prestaciones (doble barrilete
con 65 horas de reserva de marcha) y
funcionalidad automática (rotor descentrado
para obtener la delgadez deseada).
La misma brillantez en términos de delgadez
y clasicismo la hallamos en Jaeger-LeCoultre
con su minimalista Master Grande Ultra Thin.
El calibre automático 896 presenta un péndulo
de inercia variable y cojinetes cerámicos
para un grosor de tan sólo 3,98 mm.
L.U.C. XP por Chopard, MASTER GRANDE ULTRA THIN por Jaeger-LeCoultre
Unas pocas flores no hacen verano, pero esta
tendencia manifiesta y reaccionaria de
retorno a los clásicos, a los “antiguos”, se
identifica con el arte de la simplicidad y la
pureza de líneas. Está en completa contradicción
con los relojes “Hummer”, objetos que
vienen ocupando las portadas de los medios
de comunicación especializados en relojería.
Esperemos que esta tendencia prefigure un
cambio tranquilo en la dirección de la industria
relojera.
Absolutamente Retro
¿Puede ser uno de estos cambios de dirección
la manifestación de la tendencia “retro” que
continúa ganando adeptos? Tiene similitudes
con la industria automovilística donde hemos
visto volver al Mini y al Fiat 500. ¿Veremos un
neo-2CV?
Tras el gran éxito de TAG-Heuer con el neo-
Monza, le siguió Jaeger-LeCoultre con el neo-
Polaris hasta que IWC fue más allá cuando,
para conmemorar su 140º aniversario, apostó
por reinterpretar seis de los modelos más significativos
de la marca.: el Pilot de 1936, el
Portugués de 1939, el Ingeniero de 1955, el
Aquatimer de 1967, el Da Vinci de 1969 y el
Portofino de 1984.
En un extremo-extremo de la tendencia “retro”
está Nicolas Hayek que reconstituyo de la nada
el famoso reloj de María Antonieta, la fabulosa
obra maestra de Breguet. Deberían haber visto
a Hayek en la presentación de su obra en
BaselWorld, saltándose el milimetrado protocolo
y deambulando entre el gentío como un
rockero, rodeado de guardaespaldas,
mostrando el reloj a sus sobreexcitados fans.
MARIE-ANTOINETTE WATCH por Breguet
El más esperado reloj de los salones de primavera
era, en realidad una reedición, o más exactamente
una extraordinaria recreación, fiel en
todos sus detalles al original y que ni tan
siquiera va a ser puesto a la venta. Según
Nicolas Hayek, “Es imposible por ahora hacer
un cálculo de su valor, sencillamente: no tiene
precio.” explica Hayek.
Fue un instante triunfal, cuando los “modernos”
alcanzaron la mayor gloria retornando
a los “antiguos”. Es paradójico, pero es
sabido que las paradojas, en la relojería, son
abundantes.