Por Pierre Maillard
El pasado otoño, Vicente Bérard inauguró su nueva manufactura cuyos talleres se encuentran en una antigua y bucólica granja de un relojero-agricultor, no lejos de La Chaux-de-Fonds. Estos nuevos talleres, dedicados esencialmente a la preparación, montaje y decoración de los componentes elaborados a mano, permitirán a Vicent Bérard y sus aproximadamente veinte socios producir alrededor de cien relojes al año. Aunque esta producción todavía parece ser más bien privada, constituye un testimonio de un verdadero importante desarrollo comercial de la marca bajo la dirección de Herbert Gautschi. Sus esfuerzos estan apoyados por el grupo de Timex (TGBV), que parece estar decidido a asegurar el desarrollo a largo plazo de la marca para que sea un escaparate de excepción.
El producir un centenar de relojes de tan alta calidad y originalidad es, en sí mismo ya, una hazaña. Para Vincent Bérard,tanto un artista como relojero, la medida del tiempo es una actividad muy exigente. Él es mucho más como un escultor que quiere presentar la función a la forma que él esculpe. Para Bérard, la decoración no es simplemente para adornar y completar las partes de tal o cual manera, sino más bien, debe a de ser una parte intrínseca del diseño estético-técnico del movimiento y su caja. Objetos de arte, sus relojes también son objetos arquitectónicos de la relojería, si pudiéramos decirlo así, en los que ningún elemento o forma es gratuito. Como testimonio de este método es particularmente espectacular la construcción de lo más original del movimiento VB 441, cuyos puentes en forma de uso están dispuestos escalonadamente y decorados con un vibrante guilloche de patrón anillado. Hombre intenso, «embrujado» por una búsqueda interior, Vicente Bérard ha triunfado con el “embrujo” que tienen sus relojes, dándoles una presencia muy particular, que viene de la coherencia excepcional con la que se diseñan y fabrican.

