Por Pierre Maillard
Todos los auténticos diseñadores de relojes
que conozco son unos nostálgicos de las
largas tardes pasadas con sus Meccanos,
desmontando despertadores o hurgando en
las entrañas de pequeños electrodomésticos
averiados. Hay algo de este espíritu en la
“fábrica personal” que ha construido Denis
Flageollet para su uso exclusivo en la planta
baja de las instalaciones de De Bethune en la
Chaux-de-Fonds, rodeada de los verdes pastos
de las colinas del Jura. En medio de este
laboratorio de alquimista de la relojería,
repleto de bancos de trabajo atestados de
cientos, o miles, de piezas, ruedas, manecillas,
etc., Flageollet sigue montando y desmontando
sus Meccanos. Ya no se trata de los
inventos de infancia y ahora lo que hace es
experimentar y desarrollar soberbios ingenios
mecánicos que sin duda se hallan entre los
más sofisticados y avanzados técnicamente
de toda la Alta Relojería suiza. Estas
máquinas son objeto de codicia por parte de
coleccionistas ávidos, que se hacen con ellos
tan pronto salen del taller.
Flageollet abrió tienda en el 2002 cuando
fundó con David Zanetta la marca que bautizaron
como De Bethune. En pocos años han
sido capaces de crear una base relojera que
está verdaderamente inspirada en el pasado,
aún siendo resueltamente innovadora. Estos
dos caballeros forman uno de los dúos relojeros
más cohesionados y complementarios
que hay en la actualidad.
El CEO David Zanetta es un elegante italiano
que fue de los primeros, en los años sesenta,
en especializarse en relojes antiguos. Se forjó
una excelente reputación y se convirtió en
consejero de muchos coleccionistas eminentes.
Comparte esta vasta base histórica
con Denis Flageollet, un constructor de relojes
francés que actúa como director general
de la manufactura. Restauraba relojes
antiguos y trabajó al lado de relojeros teles
como François-Paul Journe y Vianney Halter
en la asociación THA, un taller especializado
en relojes de lujo y que hoy es propiedad de
Carl F. Bucherer.
Rompiendo con las viejas costumbres
Esto por lo que respecta a la vertiente
histórica. En el lado de la innovación, ambos
caballeros comparten una actitud transgresora:
el éxito de la relojería suiza no se debe
tanto a una creatividad excepcional como al
acierto de formalizar y estandarizar lo que ya
había sido inventado en otra parte. Esta idea
condujo al dúo a repensar las bases de la
relojería “hasta el punto de rehacerlo todo”,
afirma Zanetta. “Cuando uno puede librarse
de viejas costumbres y comenzar de nuevo
desde los fundamentos de la mecánica,”
explica Flageollet, “el camino se hace más
llano, sobre todo gracias a las tecnologías de
las que disponemos hoy en día. Tomemos el
volante como ejemplo: sabemos que su equilibrio
es un punto fundamental. Así, para conseguir
obtener un mejor equilibrio con la
máxima inercia es suficiente teóricamente
con disponer de un plato muy liviano en el
centro rodeado de un perímetro muy pesado.
Todo esto forma parte del dominio público
pero, sorprendentemente, cuando fui a registrar
una patente, descubrí que nadie de la
industria había tenido en cuenta este principio
fundamental.”
De Bethune inició los trabajos específicos en
el volante en 2003. Aparecieron varias soluciones
que finalmente condujeron al volante
cuyo centro es un plato redondo de silicio con
un reborde de platino.
Para llegar al punto en que la marca presentó
sus novedades de este año, Denis Flageollet y
sus colaboradores trabajaron en la evolución
de formas y materiales del volante, como
puede apreciarse en la ilustración.
Pensar con las manos
Este proceso de creación progresivo ejemplificado
en la evolución del volante, es paradigmático
de la personalidad creativa de De
Bethune. El departamento de investigación y
desarrollo está dirigido por Noah Chevreux,
un politécnico experto en nuevos materiales
quien, junto a dos ingenieros especialistas en
la construcción de movimientos, se dedica a la
construcción y mejora de movimientos y otras
investigaciones fundamentales. En su caja de
herramientas se encuentran los más sofisticados
equipos CAD 3D que puedan hallarse en
el mercado actual.
Pero, en su taller personal, con montones de
piezas esparcidas por doquier, podemos
explicar este viaje creativo diciendo que Denis
Flageollet “piensa con las manos”. Lo más
sorprendente es la integración total, en
armonía absoluta, entre la vertiente técnica y
la formal. Por un lado, la unidad de I+D estudia
como optimizar varios componentes que
conforman el núcleo del movimiento con el
objetivo de mejorar la cronometría a base
reducir la fricción, la inercia y el desgaste. Por
el otro lado, estas piezas mejoradas se van
integrando progresivamente a los movimientos
de los relojes de la casa.
Esta integración se asemeja a un verdadero
trabajo de fusión, al de un escultor de relojes,
en que la forma y la función se contrarrestan
para generar un reloj cuyos detalles, los más
mínimos, corresponden a un concepto unificado
en el que las distinciones entre técnica y
diseño parecen haber desparecido.
Hasta la mismísima noción de diseño se nos
antoja herética ya que el diseño de los relojes
proviene de la integración de elementos técnicos
ideados, conceptualizados, digitalizados,
calculados, generados, probados, modificados
y corregidos una y otra vez en un ciclo repetitivo
incesante.
Una fábrica absolutamente singular
En pleno proceso de concebir un reloj, durante
el cual Flageollet y Zanetta intercambian constantemente
ideas, De Bethune tiene la ventaja
de poder contar con todos los recursos de una
auténtica manufactura. No muy alejada, en la
localidad de l’Auberson, la manufactura refleja
en su atípica organización el mismo peculiar
proceso creativo (el 90 por ciento de los componentes
que utiliza De Bethune se fabrican
aquí). No está compartimentada en ateliers
especializados en componentes o cajas, al contrario,
los técnicos comparten las máquinas en
los talleres para estampar pequeñas piezas,
puentes, cuernos móviles, mecanizar las cajas
o pulir piezas microscópicas. En total, el inventario
lo componen más de 3500 piezas.
Según estos principios, el taller de decorado
también es multiuso. La creación de los distintos
tipos de acabado, sean pulidos o grabados,
achaflanados, moldes, etc., se hacen en casa
tanto a mano como a máquina. “No somos
unos fanáticos que exigimos que todo se haga
manualmente a no importa que coste,” explica
Flageollet. “Trabajamos de forma pragmática,
en función del resultado que necesitemos
obtener sin permitir que nos frenen los prejuicios.”
Y el resultado, a juzgar por las piezas
acabadas, es realmente espléndido.
Especialmente por lo que se refiere a los delicadamente
pulidos elementos azulados, uno
de los trazos estilísticos distintivos de De
Bethune.
Los talleres de premontaje y montaje, con sus
altamente capacitados relojeros, demuestran
idéntico tipo de simbiosis entre la parte
mecánica y el diseño. Algunos elementos de la
caja – ciertas esferas, por ejemplo, integran
componentes mecánicos como la cremallera
de la reserva de marcha – son verdaderos
cruces entre piezas técnicas y estéticas,
difuminándose la distinción entre ambas.
Una de las características más relevantes deeste tipo de organización es que la manufactura
trabaja prácticamente bajo un sistema
just-in-time, desde el mecanizado de los componentes
hasta la logística, de una transparencia
meridiana. Las instalaciones al completo
emplean a unas 40 personas entrenadas,
incluyendo una unidad de recubrimiento electrolítico,
una unidad especializada en complicaciones,
una unidad de control de calidad, un servicio postventa y una oficina de logística. ´Se
fabrican aproximadamente 500 relojes al año
equipados con 15 movimientos diferentes:
tourbillon, cronógrafo, display digital, reserva
de marcha de 10 días, GMT, automático,
automático de tres velocidades y un
movimiento específico para relojes-joya.
Si bien el número total de relojes es discreto,
los fundadores de la marca quieren que la cifra
aumente lentamente, para darles tiempo a
adaptarse e implementar plenamente el concepto
de fusión. Los relojes De Bethune son
realmente diferentes porque han sido fabricados
de forma diferente aunque suscriben los
cánones ortodoxos más exigentes.
Dream Watch One
La esfera de este reloj se compone de varias piezas de
paladio en distintas tonalidades (mates, brillantes y pulidas)
que dejan una pequeña abertura por la que se puede
ver latir el minúsculo volante, apenas visible, y el eje de
silicio. Esta esfera se aloja en una caja inspirada en la
gama DBS, en oro blanco recubierto de paladio. Para ir
más allá de los cánones establecidos y adentrarse en los
conceptos de fusión, la caja tiene cuernos articulados que
la hacen muy cómoda de llevar. Muestra las fases lunares
en tres dimensiones y tiene una reserva de marcha de
hasta ocho días.
Relojes fuera de serie
Mientras que las innovaciones se concentran
en los dos alucinantes prototipos presentados
este año, debe también apuntarse que la
totalidad de las patentes obtenidas se adaptan
a toda la gama de movimientos producidos
en la empresa. De estos relojes fuera de
serie, el Nº1 tiene volante de silicio y el Nº2
tiene volante y tourbillon en silicio. Aunque se
llegan a hacer varias unidades de estos relojes,
solo uno sale a la venta, quedando los
otros en la manufactura. No se trata, pues, de
prototipos ya que estamos hablando de
piezas completas y acabadas, sino de matrices
que participaran en el desarrollo de
nuevos modelos que se incorporarán a las
colecciones regulares.
Las colecciones de De Bethune, presentadas
pocos años después del nacimiento de la
marca, son ya suficientemente completas
para llamar la atención de una clientela bien
informada, solvente y de gustos diferentes.
El catálogo consta de:
– Colección Clásica – Líneas puras y simples,
esferas en grabado guilloché
– Colección DBS – Más contemporánea,
carece de una esfera tradicional
– DB Digitale – Esfera muy simple en acabado
Côtes de Genève, con una luna esférica rodeada
de estrellas en la parte trasera del reloj
– Reloj de señora muy delicado y refinado,
con una aplicación original del decorado
– DB22 – Aire deportivo, en titanio grado 5
(el único que se puede pulir), oro rosa o blanco
– DB24 – Incorpora un función nueva y
exclusiva que permite regular la velocidad del
sistema automático de cuerda
– DB12 Maxi Chrono – Cinco manecillas
coaxiales superpuestas en el centro de la
esfera
La marca con la luna esférica (otra de las innovaciones
obvias de De Bethune que demuestra
que pensar sin restricciones conduce a
reinventar cosas en el arte relojero) no ha
atraído mucha atención de los medios de
prensa, pero es sin duda una de las aventuras
más apasionantes de la relojería de nuestros
tiempos