Por Pierre Maillard
Estamos todos al corriente… la carrera para crear relojes mecánicos de muy alta gama ha venido revolucionando
la industria relojera suiza durante estos últimos años. Esta competición también ha dado lugar a toda suerte de
alianzas, de diversos tipos, principalmente absorciones, fusiones o asociaciones, todas ellas con el objetivo
primordial de desarrollar un determinado producto o colección. Ahora bien, en este contexto, ha sido una sorpresa
que una marca como Timex, que se especializa en producción en grandes series, diera el salto hacia las alturas
para entrar en este muy exclusivo segmento del mercado.
Si no teníamos esto previsto es que no
teníamos en cuenta el hecho de que Timex se
ha ido transformando progresivamente en un
auténtico grupo relojero, cuyas ambiciones
son claramente las de satisfacer las necesidades
de todos los consumidores, no solo de
aquellos con escasos medios sino también a
los más pudientes. Con este objetivo, Timex
se ha reubicado en el sector de relojes de
moda lujosa, con sus adquisiciones de
Valentino y Versace.Y, con su reciente compra
de Vincent Bérard, la marca ha dado un paso
adelante en el campo de la alta relojería de gran creatividad mecánica.
Independencia Creativa
Para Herbert Gautschi, el nuevo Director
General de Vincent Bérard SA, quien ha supervisado
toda esta operación, Timex actúa de
garante de este desarrollo a largo plazo,
reforzado con inversiones planificadas y que
corresponden a etapas bien definidas del
proyecto. Timex es una compañía familiar, cuyo
único propietario es Fred Olsen, un poderoso
magnate naviero. (Como curiosidad biográfica,
cabe decir que Olsen sirvió como modelo del
personaje del Señor Burns en los Simpson).
Sentado cerca de Gautschi en la granja del Jura
que sirve de atelier a la marca, Vincent Bérard
recalca las palabras del primero referentes a los
desarrollos a largo plazo. “Este acuerdo es beneficioso
porque me dota de los necesarios recursos
estructurales con los que podré progresar en mi
trabajo con total autonomía creativa”, nos cuenta.
“No estamos expuestos a ningún riesgo de canibalización
del grupo Timex porque lo que hacemos
y como lo hacemos son únicos y vamos a seguir siéndolo.”
Fue noticia en 2005
Fue en BaselWorld 2005, en el stand de la
Academia Relojera de Creadores Independientes,
cuando Vincent Bérard acaparó en gran medida
la atención. Francés de nacimiento, este relojero
es un artista por vocación y ha tenido su propio
atelier en La Chaux-de-Fonds desde 1992. En
BaselWorld 2005 presentó una pieza única muy
notable, una variante del modelo “Primavera” de
la colección de cuatro carrillones que proponía
bajo el nombre de “Las Cuatro Estaciones”.
Remarcable por sus inhabituales proporciones, su
original movimiento y su excepcional decoración,
esta pieza se supuso era también el preludio de
otro desarrollo a venir: una colección de relojes de pulsera bajo el apelativo de “Spindle of the
Infinite” (eje del infinito).
Consciente del potencial de esta colección incipiente,
Vincent Bérard se puso a buscar la financiación
necesaria y los conocimientos precisos
para que el proyecto fructificase. La oferta de
Timex, garantizándole completa independencia
técnica y artística, parecieron a Bérard la mejor solución concebible
‘Spring’ model - Four Season collection
Un movimiento excepcional
El primer reloj de pulsera, el Luvorène 1, fue presentado
por Vincent Bérard SA en BaselWorld la
pasada primavera de 2007 en el curso de una
ceremonia deliciosa organizada en una de las
iglesias de la ciudad la noche de la inauguración
del certamen suizo, hecho que ya fue relatado en
ediciones anteriores de Europa Star. El nuevo reloj
ejemplifica el peculiar estilo creativo de este
creador de relojes. Como el mismo explica, la idea
“no es cambiar la industria de arriba abajo, sino
obtener inspiración de las grandes tradiciones
relojeras del pasado para darle a la relojería una
interpretación contemporánea, con la ayuda de
las técnicas disponibles hoy en día”.
El segundo aspecto determinante de su aproximación
a la relojería es su fe en la idea de la independencia
absoluta. De esta manera, el VB 441,
el movimiento que equipa al Luvorène 1, está
totalmente ideado y fabricado por Vincent
Bérard, que nos explica que lo creó a partir de
una página en blanco. Cuando abrimos la tapa
posterior sobre su bisagra, descubrimos una
mecánica sorprendente, con una arquitectura
totalmente original, inspirada en los llamados
puentes de tres cuartos de pletina sobre pilares,
como se solían diseñar los puentes en el siglo
XVII. En la originalísima pieza de Bérard encontramos
cinco puentes sucesivos en forma de
pétalos, formando una espiral. La utilización de
los pilares nos permite una observación lateral del
mecanismo. Otro detalle destacable es que la
corona la ha situado a las 9 para poder dejar sitio
al péndulo que sobresale de la pletina y que
ocupa una protuberancia de la caja situada a las
3. Este péndulo está bautizado como “misterioso”
porque esta diseñado de modo que
aparece como moviéndose en el vacío, sin
engranajes ni otros acoplamientos. Esta particularidad
lo hace casi imposible de copiar ya que el
sistema de engranajes ha sido diseñado al efecto.
Un “tractor” para más adelante
El movimiento VB441, con una reserva de marcha
de 10 días, fases lunares e indicación del
día de la semana ha sido concebido para ser el
“tractor” de Vincent Bérard. Usándolo como
base, el relojero añadirá un repetidor de minutos
o un calendario perpetuo en el futuro. Tiene
la ventaja de que va a poder usar la misma
caja. De hecho, durante la fase de diseño constructivo
y funcional de este “tractor”, Bérard
dejó espacio suficiente para poder modificar las
distintas funciones sin necesidad de añadir
capas adicionales como es habitual, y va a colocarlas
excavando en el interior del movimiento.
Otra ventaja de este singular y hermoso diseño
es la robustez del movimiento, resaltada aún
más por la arquitectura de pilares y por el
grosor de los puentes, engranajes y hasta de los
tornillos. Bérard lo ha rediseñado todo, desde
los engranajes hasta los tornillos, cuyas cabezas
no tienen la tradicional ranura sino tres orificios
taladrados que requieren de una herramienta
especial para atornillarlos, siendo esta característica
de especial utilidad para evitar la intervención
de servicios técnicos no autorizados
que sin esta especial herramienta no pueden
acceder a las partes íntimas del movimiento.
El Reloj hecho Arte
“Mi interpretación de la Relojería”, nos cuenta
Bérard, “es lo que podría llamarse la relojería
artística”. Esto significa que la técnica y la
mecánica, que quiero que sean simples y
resistentes y funcionales, deben tender a una
idea artística. Deben ser esclavas del arte, y no al
revés. El diseño del movimiento da respuesta
precisamente a este requerimiento.
La forma del eje determinó la estructura final
de los puentes, y esta forma se repite por
todo el movimiento. Hasta le da forma al perfil
de las manecillas, la corona, etc. Más
importante aún, el hecho de trabajar con
mayores grosores en los puentes, como ya
dijimos, pero también en la esfera, les ha permitido
mayor libertad para la decoración. “Porque es gruesa, la esfera de oro se deja
trabajar mejor y permite toda clase de
adornos. Se puede lacar en negro, engarzarle
diamantes, se puede empedrar de gemas,
pintar, esmaltar, cualquier cosa que se nos
ocurra, sin necesidad de hacer mayores cambios”,
nos dice el “artista”.
Desde el punto de vista de la decoración, el
Luvorène 1 está excelentemente acabado, a la
vieja usanza, se podría decir. Está decorado en
un estilo totalmente fuera de lo corriente y, como
en el caso de la mecánica, sobrepasa cualquier
estándar de excelencia (Vincent Bérard nos dice,
de pasada, que el famoso “Côtes de Genève” es
un tópico relojero). Sus acabados semejan una
especie de situación emocional propuesta por su
creador. La muy especial forma de la caja irradia
una sensación de morbidez. Los distintos tipos
de acabado de las esferas los hace destellar sin
hacerlos ilegibles.
Cuando le damos la vuelta el reloj, encontramos
el indicador de los segundos y de la
reserva de marcha a través de dos pequeñas
ventanas talladas en la tapa de la caja. A base
de remarcar esto, de la misma manera que levantamos
el capó de un automóvil para admirar
su mecánica, uno se queda embelesado
cuando ve la belleza y la originalidad del
“motor”, decorado con estrías lineales idénticas
a las de la esfera. De paso, mencionaremos
un pequeño detalle respecto a las cubiertas de
cristal de estas diminutas aberturas de la tapa,
se trata de dos lentes de aumento que, si nos
acercamos lo suficiente, nos permiten apreciar
los detalles del movimiento.
En producción
Vincent Bérard y Herbert Gautschi están estos
días dedicándose a realizar los últimos
ajustes y retoques en su Luvorène 1 antes de
iniciar la producción. Posicionado en el segmento
de los relojes de muy elevado precio,
entre los 42,000 y los 44,000 euros (justificados
por su originalidad, acabados y exclusividad),
el Luvorène 1 está ahora en su fase de
entrada en el mercado.
En cuanto a la distribución, Herbert Gautschi
explica que, contrariamente a lo que
podríamos imaginar, las sinergias con el
grupo Timex están lejos de no ser tenidas en
cuenta. En el importante mercado asiático,
por ejemplo, la distribución de los relojes de
Vincent Bérard se beneficiará de la presencia
del grupo y de su red comercial, con el añadido
de lo que Gautschi ha creado durante su
larga estancia en la industria. Aparte de Asia,
los principales mercados señalados como
objetivos son Europa, Rusia y Ucrania.