Esta marca familiar, ahora con la tercera generación al mando, sabe exactamente quién es y qué quiere. La oferta se ha simplificado para centrarse en tres colecciones clave, cada una con un diseño sólido. Todas las gamas están posicionadas a precios asequibles. No está previsto convertirse en un “fabricante”, sino concentrarse en trabajar con los mejores socios de ambos lados de la frontera Franco-Suiza. Por tanto, no se trata de una revolución, sino de una evolución, con un crecimiento orgánico de sus ambiciones, ilustrada también por la nueva boutique insignia de París.
L
os padres de Michel Herbelin siempre habían asumido que su hijo se haría cargo del negocio familiar. Excepto que el joven creció en Charquemont, un pueblo en el “país relojero” de Francia, a un paso de la frontera con Suiza, y tenía otras ideas, ideas que giraban en torno a la micromecánica de precisión. Su decisión estaba tomada.
Se inició en una fábrica de relojes local, pero se fue después de unos años, decidido a trabajar solo con una producción que reflejara la reputación de la región en cuanto a relojes de calidad. Instaló un taller en el último piso de la casa de sus padres y se dedicó a fabricar sus primeros relojes. Eso fue en 1947. Michel Herbelin tenía 26 años. Llamó a su diseño debut Impec (abreviatura de impecable), dejando clara su intención de producir, en Francia, relojes elegantes y con estilo que funcionaran sin problemas. Desde el principio trabajó con proveedores locales Franceses y Suizos. El éxito estaba a la vista y en 1965 vio la luz la marca Michel Herbelin.
Hasta 1970, Michel Herbelin sólo fabricaba relojes mecánicos. Los componentes, procedentes principalmente de proveedores suizos, se ensamblaban en el taller de la marca para crear relojes cuyo diseño reflejaba cierta elegancia Francesa. También fue entonces cuando sus hijos Jean-Claude y Pierre-Michel se incorporaron al negocio, habiendo heredado la pasión de su padre.
En 2020, la tercera generación tomó el relevo con la llegada de los nietos Maxime y Mathieu Herbelin al equipo directivo, junto con dos miembros “honorarios” de la familia, Cédric Gomez y Benjamin Theurillat. Traen consigo una visión moderna de la relojería. “Queremos que la marca siga avanzando sin dar la espalda al pasado”, insiste Maxime Herbelin. “El diseño creativo está arraigado en nuestro ADN. Necesitamos tomar esa creatividad y aplicarla a los materiales que utilizamos. También pretendemos producir relojes más mecánicos y más complejos”.
Pero primero, volvamos a 1970 y la llegada del cuarzo. Inmediatamente, Michel Herbelin y sus hijos vieron en esta nueva tecnología la oportunidad de desarrollar sus líneas femeninas y ofrecer calidad a precios aún más asequibles. En el año 2000 la producción era casi exclusivamente de cuarzo. Desde entonces, la proporción de movimientos mecánicos ha aumentado constantemente y ahora representa casi una cuarta parte de la producción de la marca.
Maxime Herbelin explica el rumbo que tomará la marca: “Históricamente hemos tenido una gama muy amplia. Ahora pretendemos centrarnos en nuestras líneas emblemáticas. Esto hará que nuestra oferta sea más fácil de entender, además de mejorar nuestra imagen y calidad”.
Las colecciones están claramente identificadas. La gama Newport, lanzada por primera vez en 1988, se ha renovado para adaptarse al usuario de relojes moderno. Lanzado este año como una edición limitada de 350 piezas, el Newport Automatic Chronograph 35th Anniversary Edition confirma la creciente proporción de movimientos mecánicos automáticos [de Sellita] en la gama Newport. También se han presentado modelos en titanio y carbono, con la incorporación de una versión Slim para completar la gama.